LA REVOLUCIÓN PATRIMONIAL DEL PORTUÑOL FRONTERIZO
A más de una década de las jornadas «Del hablar al ser» (2015-2026), un repaso histórico por el movimiento que desmanteló dos siglos de discriminación lingüística y transformó el dialecto del norte en Patrimonio Cultural Inmaterial de Uruguay.
Por la redacción de Periodismo e Identidad Fronteriza
RIVERA / SANTANA DO LIVRAMENTO
Vista del límite binacional entre Rivera (Uruguay) y Santana do Livramento (Brasil), epicentro de la comunidad sociolingüística del portuñol.
EL LEAD: EL ECO DE UNA TRANSFORMACIÓN HISTÓRICA
En el invierno de 2015, en el Salón Melita Hernández del Centro Universitario de Rivera, un grupo de gestores culturales, académicos, músicos y vecinos de la frontera norte se reunieron con una consigna audaz: hacer el suficiente «bochinche» como para que Montevideo y el país entero escucharan la voz de la frontera. Aquel ciclo de siete encuentros se bautizó con una expresión bien norteña: «Jodido Bushinshe: Del hablar al ser».
Hoy, a 11 años de aquel hito de 2015, la historia ha demostrado que aquel «ruido» no fue una turbulencia pasajera. Fue la piedra angular de una transformación pedagógica, literaria e institucional que logró incluir al portuñol —catalogado como Lengua del Norte— en el Inventario Nacional de Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI) de la República Oriental del Uruguay, sepultando definitivamente dos siglos de proscripción y estigma.
1. LA PARADOJA DE LA UNESCO: EL DETONANTE ESTRATÉGICO
Para entender la génesis de Jodido Bushinshe, es necesario remontarse a las gestiones iniciadas en 2012 y 2014 por los Centros MEC de Rivera, coordinados por el gestor cultural Enrique Da Rosa. En aquel entonces, las instituciones locales buscaron el respaldo de la UNESCO para salvaguardar el dialecto fronterizo.
La respuesta del organismo internacional tomó por sorpresa a los promotores, pero abrió una puerta insospechada: la UNESCO determinó que el portuñol no calificaba para los programas de salvaguarda de emergencia reservados a lenguas en riesgo inminente de extinción, argumentando categóricamente que se trataba de «una lengua viva y no en peligro de desaparecer».
«Aquella respuesta, que en principio pareció un rechazo burocrático, fue nuestro mayor insumo estratégico. Si la UNESCO nos decía que el portuñol era una lengua viva hablada por 450.000 personas, teníamos el deber moral de reivindicarla como un activo cultural y no como un defecto de aprendizaje», recordaba Enrique Da Rosa sobre el viraje del proyecto.
2. SIETE JORNADAS QUE CAMBIARON EL MAPA LINGÜÍSTICO (JULIO – NOVIEMBRE 2015)
Entre julio y noviembre de 2015, Rivera se convirtió en el epicentro del debate sociolingüístico sudamericano. El ciclo Jodido Bushinshe convocó a lingüistas como Carla Custodio y Ana Rodríguez, historiadores como Alejandro Gau y Eduardo Palermo, y artistas de la talla de Chito de Mello, Carlos Enrique «Yoni» de Mello y la dramaturga Carolina Gularte.
Durante esas siete jornadas multidisciplinarias se abordaron los núcleos más dolorosos de la identidad fronteriza:
- La diglosia estructural: El sistema mediante el cual el español rioplatense monopolizó históricamente la educación, la justicia y la administración pública, mientras el portuñol era relegado a la informalidad del hogar y las clases trabajadoras.
- La represión en las aulas: Las décadas de castigo escolar y burla hacia los niños norteños que ingresaban al sistema educativo hablando la lengua de sus padres.
- La dimensión de género y dominación: El análisis crítico sobre cómo las estructuras patriarcales y las dinámicas del contrabando (bagayo) moldearon el vocabulario vernáculo.


