La conjura de los necios Premio Pulitzer,1981

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UNA NOVELA QUE ME MARCO MUCHO CUANDO LA LEI DE JOVEN

, LES DEJO UNA RESEÑA PARA QUE LA DISFRUTEN.

John Kennedy Toole. La conjura de los necios Premio Pulitzer,1981

El éxito de esta genial novela está precedido de la trágica muerte de su autor, quien se consideró un fracasado al no poder encontrar quien la publicara, y se suicidó a los 32 años de edad.
Años después, su madre logró su publicación, exactamente en 1980, y en 1981 obtiene el premio Pulitzer.

Inmediatamente después de su salida al conocimiento del público, la obra obtuvo un gran éxito, alcanzando hasta el momento más de veinte ediciones. La novela es una sátira de la sociedad norteamericana de la época en que transcurre la trama (principios de los años 60), y su protagonista, Ignatius Reilly, un personaje inolvidable para todos aquellos que lean la novela. Ignatius se cree un incomprendido, piensa que todo le sale mal porque nadie es capaz de reconocer su genialidad. En realidad, es un inadaptado social, que va de empleo en empleo, enrolándose en las aventuras más absurdas, atado siempre a la falda de su no menos estrafalaria madre .Ignatius cuenta con un círculo de amistades que resultan tan raras y neuróticas como el mismo.

Durante toda la lectura, el lector mantendrá una sonrisa ante las inesperadas y descabelladas acciones y palabras no sólo de Ignatius , sino del resto de los personajes secundarios.

El título es una referencia a una cita de uno de los clásicos de la sátira,Jonathan Swif : “Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra él”.

El personaje central,Ignatius Reilly , es un ser inadaptado, un anacronismo que sueña con que la forma de vida medieval, y su moral, vuelva a reinar en el mundo. Para ello, para ser escuchado en un mundo en el que es incomprendido, rellena de su puño y letra cientos de cuadernos Gran Jefe, en los que plasma su visión del mundo, y desperdiga esos textos por su habitación. Algún día los ordenará y reunirá creando su obra maestra. Mientras tanto la diosa Fortuna, contra su voluntad, lo catapulta al mundo capitalista, viéndose obligado a someterse a la nueva forma de esclavitud que para él es el trabajo. Él se resigna, como Boecio se resignó a su ejecución, y sale a buscar trabajo. Su actividad laboral y vital es el hilo que une y da sentido a toda la obra, y que nos permite conocer a otros personajes tan reconocibles, tan humanos, como memorables.

El protagonista de esta novela es uno de los personajes más memorables de la literatura norteamericana: Ignatius Reilly -una mezcla de Oliver Hardy delirante, Don Quijote adiposo y santo Tomás de Aquino perverso, reunidos en una persona-, que a los treinta años aún vive con su estrafalaria madre, ocupado en escribir una extensa y demoledora denuncia contra nuestro siglo, tan carente de “teología y geometría” como de “decencia y buen gusto”; un alegato desquiciado contra una sociedad desquiciada. Por una inesperada necesidad de dinero, se ve “catapultado en la fiebre de la existencia contemporánea”, fiebre a la que Ignatius añadirá unos cuantos grados más.

Lejos de las meras e hilarantes anécdotas que el carácter entrañable y especial de Ignatius va generando alrededor de sí, la novela trasciende a ello para convertirse, en su trasfondo, en un despiadado retrato del género humano. Un retrato lleno de piedad y comprensión, a la vez que amargura y resignación. Tal y como Percy (escrito, autor entre otras de la novela “El cinéfilo”, el cual decidió publicar la novela) dice en el prólogo, a pesar de las carcajadas que le proporcionó la novela, también tras su lectura sintió cierta tristeza que no sabía muy bien de dónde provenía, si del trasfondo dramático de la novela, o por la tragedia del autor, que se suicidó con poco más de treinta años sin conseguir ver publicada su novela, y que con su muerte nos negó nuevos y geniales libros como podría haber sido el de la continuación de esta novela, puertas que dejó claramente abiertas con el sugestivo, melodioso, final que el libro depara.

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