Galeano no ha dejado un vacío

Galeano no ha dejado un vacío

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Eduardo Galeano

Eduardo-Galeano

Una periodista argentina me contó la siguiente anécdota de Galeano:

“Una nena chiquita, nacida en Tacuarembó, una localidad del interior uruguayo, llega por primera vez al mar. Se encuentra con esa bestia de agua que la enmudece, y cuando logra articular palabra, le pide al padre: “Papá, por favor ayúdame a mirar”. La anécdota la contó Eduardo Galeano en el Teatro San Martín, en 1986. La contó para decir algo más: “Yo creo que la función del escritor consiste en ayudar a mirar. Que el escritor es alguien que quizás puede tener la alegría de ayudar a mirar a los demás”.

Galeano nos ayudó a mirar a América Latina, con su “Las Venas Abiertas de América Latina”. Es mucho más, colaboró con Hugo Chaves, en su intento de que Obama también la mirara, la viera tal cual es, no como un lugar donde lograr rentabilidad. Galeano no era solo un inmenso poeta y narrador, capaz de volver hermosas las estampas tristes, de hacer sencillas las cuestiones complicadas. Era también un lúcido analista que nos explicó cómo funcionan el poder y la Historia, retratando con una prosa inmejorable el pasado de un continente al que quiso devolver al lugar que le negaban los mapas oficiales. Este libro recordaba la explotación de los esclavos africanos en las colonias americanas para la sustracción de oro y plata y la obtención de materias primas en el siglo XVI, un saqueo cuya memoria es clave fundamental para poder entender la acumulación de capital en Europa.

Por si no tenemos claro para qué sirve la utopía lean como la describe Galeano: -“La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.

Con el fallecimiento de Eduardo Galeano no solo se va uno de los más destacados escritores uruguayos de todos los tiempos, sino un hombre que hizo honor al viejo Café, al lugar para el encuentro, la charla y la devoción por la bebida oscura como la tinta. Eduardo Galeano era un habitué del Café Brasilero, (En la Ciudad Vieja de Montevideo) la mesa de la ventana, a la derecha de la puerta de entrada, era su lugar, incluso el mito dice que era su segundo hogar. Allí pasaba buen rato escribiendo y recibiendo visitas. Era común que diera las entrevistas en esa mesa, incluso hay una bebida que lleva su nombre en la legendaria cafetería de la calle Ituzaingó, inaugurada allá por 1877. El autor de “Las venas abiertas de América Latina” dijo al diario argentino La Nación en 2013: “Soy hijo de los cafés. Todo lo que sé se lo debo a ellos. Sobre todo el arte de narrar. Lo aprendí escuchando, en las mesas de los bares”. Creador de freces contundentes llenas de contenidos: “Si la naturaleza fuera banco, ya la habrían salvado”.

Pese a que formó parte de una familia de clase alta y católica de ascendencia italiana, española, galesa y alemana, siempre fue un militante de izquierda independiente. En las últimas elecciones internas del Frente Amplio dio apoyo explícito a la precandidata Constanza Moreira. De todos modos ha sido muy crítico con el Frente Amplio en ocasiones. En los últimos años participó de varias campañas contra la minería a cielo abierto, mientras el gobierno uruguayo negociaba los permisos con la multinacional Aratirí.

Eduardo Hughes Galeano, nació en Montevideo el 3 de setiembre de 1940, y fallecido el 13 de abril de 2015, a los 74 años, a causa de un cáncer de pulmón.

Galeano no ha dejado un vacío, “Sólo los tontos creen que el silencio es un vacío. No está vacío nunca. Y a veces la mejor manera de comunicarse es callando”, nos enseñó a mirar.

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